Cogeme de las muñecas hasta que se funda el pulso. Y notaras el sonido en mis venas. Son canciones de otros tiempos, cuando las viejas sabían escandalizarse. Y nos reiamos.
Tirame cuesta abajo hasta que el mundo se vuelva de rayas rojas y negras. Y yo pueda seguir pensando que gritar las paredes tiene sentido. Y que tu, y que yo, y que todos a los que asustemos con sonrisas nos quedemos a ver amanecer.
Mil días, pueden.
Pero solo una noche más.