Estaba ahí. Pálido. Mirando eso que el resto no eramos capaces de ver. Y daba miedo comprobar que se estaba desdibujando.
Estaba ahí. Más delgado. Tanto que asustaba a su sombra de toda la vida, que ya no se atrevía a entrar. Y el resto nos comiamos las lagrimas de cera.
Estaba ahí. Y nos veía a todos. Y hablaba. Y se apagaba para dejar una chispa, y volverse, e irse, y volver…
….
Estaba ahí. Pero no estaba ahí.